Frustración
Mi hijo se frustra cuando pierde
No es mala conducta. Es información, y casi siempre la estamos tapando.
Por Nefthaly Price · 7 de octubre de 2026
Se acaba el partido y van perdiendo. El niño tira el balón al suelo, se sienta lejos del grupo y esconde la cara en la camiseta. Alguien en la grada dice: «Mira cómo se pone». Otro: «Eso no se hace».
La reacción de los adultos suele ser una de dos: regañarlo para que se le quite, o rescatarlo para que deje de sufrir. Las dos tienen el mismo problema: le quitan al niño lo que más necesita en ese momento.
La frustración no es el enemigo
Un niño que se frustra está diciendo algo: que le importa, que quería otro resultado y que todavía no sabe qué hacer con lo que siente. Eso no es un defecto. Es el material con el que se aprende a manejar el error.
El niño que falla y sigue aprende más que el que nunca falla. Pero para que siga, alguien tiene que acompañarlo sin quitarle la incomodidad.
Lo que no ayuda en el momento
- Regañarlo delante de los demás. Le suma vergüenza a la rabia.
- Decirle «no pasó nada». Para él sí pasó. Si se lo niegas, aprende a no confiar en lo que siente.
- Resolverlo todo. Sacarlo de la cancha, prometerle un helado o buscarle un culpable (el árbitro, el compañero) le enseña que la frustración se arregla desde afuera.
Qué hacer en el momento
Agáchate a su altura y di una sola frase que ponga nombre a lo que ve: «Veo que te dio mucha rabia perder». Y espera. No agregues nada. No expliques. No arregles.
Puede que llore o que no diga nada. Está bien. Lo que está aprendiendo es que puede sentir eso sin que nadie se asuste, y que se le pasa.
Qué hacer en casa, horas después
Cuando ya pasó, no cuando todavía está caliente, una pregunta: «¿Qué fue lo que más te dio rabia?». Casi nunca es el marcador. Suele ser un error propio que no puede soltar o una jugada que se repite en su cabeza. Esa respuesta vale más que cualquier consejo que le puedas dar.
Después, otra: «¿Qué harías distinto la próxima vez?». Si no sabe, no le des la respuesta. Déjalo pensar hasta el próximo juego.
Cuándo conviene pedir ayuda
Frustrarse es normal. Si la reacción es muy intensa, dura mucho o aparece a diario en situaciones que no tienen que ver con el deporte, vale la pena conversarlo con su pediatra o un psicólogo infantil. Este artículo no sustituye esa orientación.
Cómo sabes si funcionó
El niño sigue frustrándose, y eso está bien. Lo que cambia es el tiempo que tarda en volver: cada vez regresa al juego más rápido, y un día te cuenta, sin que preguntes, qué pasó y qué intentó diferente.